24.12.09

Placer de los márgenes,
por André S. Labarthe

Si Edgar Poe puede ser considerado como el primero en haber introducido al lector en el sistema de la obra (que se escribe sin él pero le es destinada), es probablemente a Mallarmé a quien el margen debe la fortuna que le conocemos. Hacia mitad del siglo XIX, fuera del campo cerrado de la literatura, el margen se apropia de un territorio sin fronteras, suerte de terreno baldío donde nacen y prosperan raras obras atípicas que no obedecen más que a las reglas que se dan a sí mismas y no dialogan más que con el lector que se inventan. Así, el margen mallarmiano cerca el poema como el mar, motor de metáforas, cerca las palabras esparcidas de un archipiélago. Es la condición del poema, si aún le ocurre ser de él también la circunstancia. En el transcurso del siglo XX, con el desarrollo extensivo de la cultura de masas y el desencadenamiento, marcado por Walter Benjamin, de las técnicas de reproducción de la obra de arte, el margen se vuelve resistente al sistema de leyes (de leyes del mercado) de las cuales se sabe que no están hechas más que de hábitos que, una vez señalados y analizados, son reintroducidas en el sistema para que la infinita circulación del mismo pueda trabajar en el triunfo estadístico de la demanda. Como lo muestra el ejemplo hollywoodense, la fuerza de estos sistemas viene, por una parte, de su aptitud para absorber lo que los amenaza y para dejar de lado sin miramientos lo que su organismo no puede asimilar (Stroheim). Los films propuestos en Belfort por Janine Bazin* bajo el título maliciosamente provocativo de "Placer de los márgenes" permiten encontrarles un trazo común: son films sin familia, es decir sin ascendencia, sin descendencia y sin parecidos. El margen cambia el placer tautológico de parecer a su semejante por un placer mucho más singular, aun este que atormentaba a Narciso: "La desgracia de ser una maravilla" (Valéry). Y si bien Walter Benjamin puede escribir que "la masa es una matriz de donde sale actualmente todo un conjunto de actitudes nuevas en lo que respecta a la obra de arte" o también que "el crecimiento masivo de número de participantes transformó su modo de participación" -lo que es hoy, universalmente admitido- esto no impide que haya un placer específico del margen que podríamos groseramente bautizar el placer de la desobediencia. El margen, en la época de la cultura de masas, es el que desobedece a los medios de comunicación, el que desorganiza los protocolos, el que entorpece los estereotipos, desbarata la espera. En cuanto al placer del margen, en este otoño de 1993, es quizás aprender a vivir sin haber visto Jurassic Park.


* 1993. En Belfort, Janine Bazin trenza un ramillete de films que tienen en común no parecerse. Es en lo que se me parecen y me hacen, una vez más, responder favorablemente a su invitación.

2003. (o sea diez años más tarde). ¿Qué cambiar a este texto? Nada. Simplemente agregar al último (y único) film citado, Jurassic Park, algunos grandes triunfos de la televisión Le Loft, Star Académy...
A elección.

El texto "Placer de los márgenes" forma parte del libro Del primer grito a la última protesta, de André S. Labarthe, editado por Editorial Altamira y el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente, Buenos Aires, 2005.

2 Comments:

Blogger claudio caldini said...

feliz año nuevo, Pablo

5:25 p. m.  
Blogger p.marin said...

Gracias, Claudio. Feliz 2010 para vos también.

11:38 p. m.  

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